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“Me quedo asombrada de cómo creció Finilager”

La relación de Rosario Balcázar y Finilager se divide en dos etapas. La primera empezó a escribirse en 1975 cuando un familiar la recomendó con Jorge Núñez del Prado, el dueño de Finilager.

“Don Jorge me tomó a prueba. ‘Si usted me conviene se queda, si no se va’, me dijo, y aquí sigo hasta ahora”, rememora Rosario, que se desempeña como cajera de la sucursal ubicada en el segundo anillo.

 

“Yo me quedo asombrada de cómo creció Finilager”, afirma Rosario, quien se casó y tuvo sus dos hijos trabajando en la empresa se inició en la calle Independencia. Allí ella se encargaba de los cardex de la mercadería. Luego e retiró y al tiempo volvió a tomar las puertas de don Jorge, a quien define con un hombre bondadoso y estricto.

 

“Yo siento un gran orgullo de estar aquí, de trabajar en esta empresa tan prestigiosa que se hizo un monstruo… Somos una familia”, afirma sonriente.

 

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